ASOCIACIÓN CULTURAL "ESTUDIO Y DIVULGACIÓN DEL PATRIMONIO LINGÜÍSTICO EXTREMEÑO" (APLEx)

APARTADO DE CORREOS 930 - 10080 CÁCERES (ESPAÑA)

Número de Registro 3179.  CIF nº  G10309607

 
 

AGENDA DE APLEX

19 de agosto 2006

 

Presentación del Diccionario Serradillano de José María Real Antón

El acto se desarrolló en la Casa de la Cultura de Serradilla. Actuó de presentador Alipio Barbero e intervinieron el señor alcalde don Eduardo Rodrigo y la concejala de Cultura doña Pilar Martín, Jesús Barbero. Actuó de coordinadora en la preparación del acto la socia de APLEX doña Concepción Real. El salón de actos llenó todo su aforo con la presencia de más de ciento cincuenta personas. En el coloquio participaron varios asistentes. Tras las palabras del autor del Diccionario Serradillano dio una conferencia el Presidente de APLEX, a la que siguió un animado coloquio. Además del Presidente de APLEX, asistió el Tesorero Joaquín García-Plata Quirós y la vocal 1º Doña Esmeralda Rodríguez Quirós. El ayuntamiento de Serradilla ofreció un ágape en el salón del Hotel Laurel de la localidad cacereña en el participaron  cuarenta y cinco personas.

 

PRESENTACIÓN DEL BORRADOR DEL

PRESENTACIÓN DEL BORRADOR DEL

DICCIONARIO SERRADILLANO

 Texto leído por José María Real Antón

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Buenas tardes a todos.

 

     Permitidme que, antes de nada, me dirija a quienes, de una forma u otra, sois acreedores de mi agradecimiento, una vez terminada la obra que hoy quiero presentaros, aunque, por ahora, sólo se trate del borrador, y por tanto del único ejemplar que existe, hasta que en un futuro próximo volvamos a reunirnos para que todo el que lo desee pueda disfrutar de ella.

 

     Gracias Alipio y Jesús, por vuestros amables comentarios.

 

     Gracias también, D. Antonio por su asistencia y por esas palabras, tal vez inmerecidas por mi parte, pero que acepto con humildad, y constato como muy valiosas viniendo de una personalidad como la suya en el campo de la Dialectología, en todos sus aspectos, como muy bien ha demostrado en tantos y tan excelentes trabajos, entre los que quiero destacar la extensa y completa introducción al Diccionario Extremeño, donde realiza un profundo y exhaustivo estudio lingüístico de las hablas y dialectos extremeños; y al no menos interesante trabajo referente a la vida y la obra del gran poeta extremeño Luis Chamizo, en la publicación de sus Obras Completas, además de otros importantes trabajos relacionados con el habla extremeña desde los inicios del siglo XX. Esto viene a demostrarnos una vez más que no es imprescindible el hecho de haber nacido en un lugar determinado, para aprender a amar, respetar y defender los valores de la tierra en que pacemos, echando raíces en ella, y convirtiéndose en un ciudadano ejemplar. Gracias D. Antonio.

 

     Gracias a mi amigo D. Joaquín García Plata, organizador de los premios de Poesía Ruta de la Plata y nieto del ilustre extremeño D. Rafael García Plata de Osma, investigador de la cultura extremeña. Te recuerdo, amigo Joaquín, como ya hice en el Congreso de Calzadilla, que tu fuiste el primero que leíste el borrador de mi primera antología, allá por el año 1987, titulada Cien Poemas de Amor, cuando el Diario Extremeño de Madrid estaba en pleno apogeo entre los extremeños residentes en aquella Comunidad. Recuerdo todavía una frase que me dijiste por teléfono refiriéndote a esta obra:

 

-¿Todos estos son poetas serradillanos?.

     Tras contestarte afirmativamente, te pregunté:

-¿Quién de ellos te ha gustado más?.  Tu me contestaste:

-Todos, pero hay uno que me ha sorprendido por su elevada cultura intelectual al leer sus datos biográfícos y sus poesías.

     Y sin mediar palabra, exclamaste: -¡Caramba con D. Bernardino!.

     Nunca se me olvidó aquella expresión porque, efectivamente, estoy de acuerdo contigo en la gran personalidad intelectual que de él se desprende. Gracias por el gran esfuerzo que has hecho por venir.

 

     Quiero agradecer también, una vez más, a cuantas personas me habéis ayudado, directa o indirectamente, en la recopilación de palabras para la realización de este Diccionario. Sois muchos, por eso no voy a dar nombres. Pero, a quien sí quisiera mencionar en este día es a la señora Concejala de Cultura de este Ayuntamiento, por el demostrado interés que ha tenido para que éste y otros actos puedan realizarse y por la gran labor cultural que estás haciendo en este pueblo. Espero que algún día se te reconozca. Gracias Pilar. Gracias también a vosotros, por vuestra asistencia.

 

     Y ya, paso a explicaros un poco acerca de la historia del porqué tuve el convencimiento de que había que realizar un Diccionario Serradillano, y las sucesivas fases por las que esta idea ha ido pasando a través de los años. Algunos ya lo sabéis, porque a ello me he referido en otra ocasión. Sin embargo, quisiera recordarlo, hoy y aquí, para aquellos que no han tenido oportunidad de conocerlo. Sé que mi intervención no va a ser muy divertida, aunque procuraré no insistir demasiado en temas que puedan resultar farragosos; pero, si voy a abundar en detalles respecto al proceso de realización de esta obra, es con el fin de demostrar a quienes se propongan realizar cualquier tarea, que no importa el tiempo que tardemos en realizarla, sino que lo que cuenta es el resultado final. Modestamente os confieso que me siento orgulloso de este trabajo, con sus defectos e imperfecciones, que con toda seguridad tendrá,  pero me queda la satisfacción de haberlo hecho con el mayor mimo y cariño y con el único objetivo de que todos los serradillanos que lo deseen podamos disfrutar de él.

 

     La idea de recoger palabras serradillanas, o mejor dicho, de uso común en la forma de hablar de los serradillanos, comenzó a fraguarse en mí hace más de 40 años (1964) cuando, en un pequeño bar de la Plaza, luego llamado “Bar El Cordobés”, que algunos de vosotros aún recordaréis, de vez en cuando, algunos clientes, principalmente los de más avanzada edad, proferían palabras que me llamaban la atención. Entonces, como si se tratase de un simple juego, por diversión o más bien por curiosidad, y sin más pretensiones que las de acumular una serie de palabras que se decían en mi pueblo, y que entonces creíamos que eran exclusivas de aquí y que en ningún otro sitio las conocerían, decidí ir apuntándolas en una libreta, sin que entonces supiese a qué iban a ser destinadas.

 

     En esta primera etapa, de aproximadamente diez años, hasta que me incorporé al Servicio Militar, llegué a apuntar unas doscientas, si bien, no llevaba ningún control sobre ellas, ya que varias estaban repetidas con algunas diferencias en lo que respecta a la escritura, o pertenecían a diferentes tiempos verbales de una misma conjugación.

 

      Pero, no sólo fueron los clientes del bar quienes me proporcionaban estos apuntes, sino en el propio seno familiar o de amistades, incluso en otros bares donde, disimuladamente, cuando creía reconocer una palabra nueva, la anotaba aumentando así el número de ellas. Por otra parte, al final de la década de los años sesenta, tuve oportunidad de establecer contacto con los maestros de este pueblo, a los que, como estudiante de Magisterio, les sustituía en sus clases en numerosas ocasiones, cuando alguno de ellos enfermaba o tenía que salir de viaje. Estos maestros, eran D. Paco Rodríguez, D. Luis Sánchez, D. Arsenio Mateos y D. José Sánchez, entre otros. Todos ellos, especialmente D. Paco y D. Luis, hacían lo mismo que yo, pero desde muchos años antes y con mejor criterio que el mío, quienes tenían apuntadas ya muchas palabras propias del vocabulario de este pueblo, y de quienes tomé buena nota de muchas de ellas, sin pensar siquiera en que algún día formarían parte del futuro Diccionario Serradillano. Digo esto porque también a ellos quiero agradecerles hoy su importante colaboración.

 

     Como prueba demostrativa de lo dicho hasta ahora, quiero recordaros que en el libro citado anteriormente titulado “Cien poemas de Amor”, publicado en 1989, anunciaba ya la recopilación de un “Diccionario de Vocablos Serradillanos”, alcanzando por entonces una cifra de aproximadamente 500 palabras, las cuales permanecían escritas, unas en la libreta antes mencionada y otras, en trozos de papel de muy distintos tamaños y formatos, guardadas todas en una carpeta azul y sin que me acordara de ellas más que cuando, buscando otras cosas, surgía la famosa carpeta a la que no me atrevía ni siquiera a abrir.

 

     Sigue un periodo de unos veinte años, en los que ya no resido aquí, aunque la recogida de palabras continuaba pero, eso sí, muy lentamente y poco a poco, adquiridas generalmente de algunos paisanos residentes en la Comunidad de Madrid, o durante las vacaciones aquí en nuestro pueblo. En todo caso, la carpeta azul en la que dormitaban varios cientos de vocablos desde hacía años, continuaba a la espera de que un día llegase esa mano que les despertara y les hiciera aparecer en el mundo de la lexicografía.

 

     Fue en 1.998 cuando tuve ocasión de disponer, por primera vez, de un ordenador, en el Centro de trabajo, y donde me surgió la idea de colocar alfabéticamente todas aquellas palabras, aunque sin definir, únicamente la entrada. Esto me serviría además para practicar las nuevas tecnologías de la informática, lo que resultaba muy práctico y fácil a la vez, para este trabajo. Una vez realizado, me sería mucho más sencillo ir rellenando los significados de las distintas acepciones.

 

     Pero no fue tan fácil como yo creía, pues una vez metido en esta vorágine de palabras y significados, a medida que iba avanzando, encontraba más dificultades, siendo la principal de todas la de poder escribirlas con cierto orden léxico y sintáctico, y no me gustaba como lo estaba haciendo. Sentía que no había una clara coordinación entre la escritura y la fonética. Necesitaba unas normas con las que poder expresar uniformemente, de principio a fin, la escritura y el léxico característico de mi pueblo. No era tarea fácil encontrar el fonema o fonemas adecuados que permitiesen reflejar, al menos aproximadamente, la expresión casi correcta de nuestra forma de hablar. Tras diversas lecturas de vocabularios de otros pueblos, entre ellas el dialecto chinato, por aquello de estar más próximo a nosotros, ninguna me agradaba, ni me convencían en su forma de expresión escrita, ni mucho menos me satisfacía la idea del uso de la “j” castellana como aspiración para nuestro vocabulario.

 

     Por aquellos años, un buen amigo y paisano, D. Emilio Cobos Sánchez, Catedrático de Ciencias Naturales, ya jubilado y residente en Totana (Murcia), me hizo llegar el Diccionario Extremeño de D. Antonio Viudas Camarasa, en el cual pude observar y estudiar detalladamente la representación gráfica de las palabras que él utiliza en su obra. Tras hacerme a la idea del uso de la “h” como aspiración, en sus múltiples variantes, así como de otros problemas menores, como el de la pronunciación bilabial, oclusiva y sonora de la “v” y “b”, entre otros, creí haber resuelto gran parte del problema y así lo puse en práctica. Pero, ¿qué dirían mis paisanos cuando estas innovaciones estuviesen a la vista de todos? La respuesta me la dio usted mismo, D. Antonio, en nuestra charla durante la comida el día del Congreso de Cáceres: ¡En cualquier caso, siempre te criticarán –me dijo usted. Y no se equivocó, si bien, he de reconocer  que son pocos y mal informados los que lo han hecho.

 

     Terminado, por fin,  el primer repaso de los apuntes, comencé a hacer algunos comentarios con paisanos y amigos de lo que estaba realizando. Sin duda alguna, con la más sana intención y con ánimos de colaborar, muchos me decían:

 

     -¿Tienih puehtah lah palabrah, cahcarriossu, la guaña o demuación?, por poner unos ejemplos, aparte de otras muchas. A lo que a veces les contestaba.

     -No, porque esas palabras vienen en el diccionario de la Real Academia, por tanto, no se incluyen.

     Y es que, en esa primera fase se pretendía incluir únicamente las palabras que no estuviesen incluidas en el diccionario de la RAE.

     Pero ellos insistían: ¿Y qué mál da, si son palabras mu curiossas pa nossotrus.

 

     Estas y otras reflexiones semejantes, me hicieron volver a reanudar mi trabajo pues, efectivamente, mis paisanos tenían razón porque, siendo palabras del castellano, al pronunciarlas aquí parecían otra cosa. Entonces decidí utilizar mi diccionario de la Lengua Española, el mismo que utilicé en mis estudios de bachillerato, y ver palabra por palabra, e incluir aquellas que, aunque estuvieran escritas en el Diccionario de la Lengua Española, aquí se decían de otra forma y que por tanto merecían estar presentes en este diccionario serradillano. Aparte de esto, quiero decir también que desde el principio tuve muy claro dos cosas: Primera que, con el Diccionario Extremeño por delante, debía anotar aquellos pueblos cuyas definiciones o entradas fuesen similares a las que figuran aquí. Segundo, que al final de las definiciones debería constar la correcta escritura según la RAE. para así poder identificar con exactitud la palabra definida.

 

     Pero tampoco fue esta la última ampliación, porque alguien seguía preguntándome:

 

    -Tienih escritah las palabrah tahical o tehtarabachu. Yo tomaba nota de ellas para compro-barlo después, dándome cuenta de que muchas de ellas seguían sin figurar en mis apuntes.

 

     Entonces comprendí que en mi diccionario de estudiante, a pesar de ser bastante completo, no estaban todas las palabras que yo deseaba encontrar, por lo que decidí acudir a la fuente principal del idioma castellano, al Diccionario de la Real Academia, en su vigésima primera edición del año 1992, el último editado hasta entonces.

 

     Efectivamente, en mi nueva vuelta de tuerca al Diccionario Serradillano, encontré otras muchas de las palabras que no había encontrado por otros medios, y donde muchas de ellas figuraban como usadas antiguamente o en desuso, pero que aquí no figuraban como tales, sino que aún estaban vigentes y de actualidad en el uso ordinario del lenguaje de este pueblo.

 

     Todavía quedaba otra nueva revisión de palabras que antes no había tenido en cuenta por no ser significativas en ningún sentido. Palabras comunes sin una significación especial o, por decirlo de otra manera, con la misma significación que en castellano y la mayoría casi con la misma escritura. Sin embargo, había otro argumento por el cual era necesario, a mi parecer, incluirlas también, aunque sólo fuera por tratarse de algún pequeño y diferente rasgo en la escritura, en la mayoría de los casos por la simple aspiración de una consonante o por la sonoridad de la “s” intervocálica, representada aquí por doble “ss”, y por supuesto, por las terminaciones clásicas de origen leonés, como son las terminaciones de vocales o > u, y e > i. De esta forma, decidí que figurarían todas aquellas palabras que cumpliesen alguna de estas condiciones: 1ª) No estar incluidas en el Diccionario de la RAE. 2ª) Estar incluidas en él, pero con distinto significado. 3ª) Las que, escribiéndose igual y significando lo mismo, tuviesen algún rasgo diferente por mínimo que fuese en la representación gráfica serradillana, ya fuese al principio, en medio o al final de palabra. De estas podríamos mencionar numerosísimos ejemplos. Pero todavía hay un cuarto caso que dudé si debería incluirlo o no; al final así lo hice: Se trata de ciertos anglicismos y galicismos, muy utilizados hoy en nuestro idioma común.  Finalmente, hasta la vigésima segunda edición de la RAE del año 2000, ha sido consultada.

 

   Como habréis podido observar, mi único afán ha sido que el trabajo fuera lo más completo posible; por eso, a medida que iba detectando estos huecos o lagunas, no dudé nunca en que debía corregirlos, anteponiendo siempre el mejor acabado que pudiese lograr, sin que me importara la dilatación en el tiempo de su terminación.

 

     Ya os dije al principio que hoy sólo quería referirme al largo proceso de realización que ha supuesto este trabajo. Otros aspectos más atractivos, e incluso alguna curiosa anécdota de índole personal, surgidas a lo largo de este tiempo, quedan pendientes para el día en que podamos presentar la edición oficial definitiva. 

 

     Y esto es todo por hoy. Y ahora, para comprobar en la práctica cómo suena nuestro dialecto en palabras de uno de nuestros más significativos poetas, permitidme que termine con esa bella poesía de Gonzalo Alonso, titulada “La ilusión de un serradillano”, que tuvo a bien dedicarme. Dice así.

 

     Muchas gracias.

 

La ilusión de un serradillano

 

"A mi paisano y amigo, José María Real Antón"

---

Toitu el que no diga hornu,

harina, higu, higuera,

trapahadu, guacharradu,

humu, hurón, paironera,

pelotadu, laternadu,

trancumania, cachorrera,

turrumberu, pingurutu,

la adetuna, la pairera,

hierru, herreru, hormadu,

hamohquina, mairoñera...

y a la Güerta del Agüelu

no l'aigan llebau a ciegah

en buhca de gambussinuh

ahta lah milih quinientah,

ni nació en la Serrailla,

ni andubu por ehtah tierrah

trompezandu y dandu tumbuh

entre lah alcornoquerah

passandu loh maragulluh

d’arrahcalsi la heta

pol sacal d'entre lah zarzah

un manohinu siquiera

d'ehpárraguh pihoteruh

que no balin cuatru perrah...

 

(A mí, me encanta el leguaje

de las gentes de mi tierra;

vocablos desconocidos

por no estar en la Academia

de la Lengua registrados,

pero que guardan la esencia

de los pueblos milenarios

de esta región extremeña).

 

Elluh brotan ehpontaniuh

sin control que lol detenga,

igual que rebienta el agua

crihtalina entre lah peñah

del Fraili de la Garganta,

y saltarina y contenta

corri a embrocalsi en el Tahu

que con ilussión la ehpera.

Comu el agua, corri libri

el lenguahi de mi tierra,

y moh embruha al oilli

polque con su acentu lleba

algu que moh llega al alma;

algu que a mússica suena

y atontedi loh sentíuh

con la gracia de su herga.

Si alguna beh ehtoy seriu

o me dueli cabeza,

quieru benilmi al mi pueblu

a oil ablal en la lengua

que yo aprendí de chiquinu

y de recuerduh me llena.

Essi serraillanu puru,

el que m'enseñó mi agüela

cuandu era niñu, y le quieru...

igual que la quissi a ella.

Y beráh cuántu m'alegru,

y se ban toítah lah penah

a hadel puñuh pa hocih...

¡Me cassuen la mal serena!

Y si ehtoy bahtanti malu

y el méicu ba y me redeta

que ay que buhcal algún cura

polque la ora s'acerca

d'echalmi loh relatinih

y preparal la maleta

pa ilmi pa la otra banda,

yo solu quieru que benga

unu, que seamuh paissanuh,

que ablandu la mehma lengua

s'entiendi mehol la henti...

...Y pué que me comprenda

y m'ayui a embrocal el sacu

con tóh loh pecauh que tenga.

Y cuandu ehté preparau

pa doblal la serbilleta,

me dé la ehtampa del Crihtu

y bessándula me duerma.

* * *

Gonzalo Alonso Sánchez

 

 

 

Última actualización: 23/12/2006

index