ASOCIACIÓN CULTURAL "ESTUDIO Y DIVULGACIÓN DEL PATRIMONIO LINGÜÍSTICO EXTREMEÑO" (APLEx)

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AGENDA DE APLEX

 

Recuerdos de Alonso Zamora Vicente por ... en la Web de APLEX

 

HOMENAJE A ALONSO ZAMORA VICENTE: IN MEMORIAM

 

Socio de honor de APLEX

 

Juan Manuel González Martel: «Un año después, en memoria de Alonso Zamora Vicente»

[Acta literaria del acto]

 

Antonio Viudas Camarasa: A manera de epílogo

 

14 MARZO 2007 20 horas

Casa de Galicia en Madrid C/ Casado del Alisal , 8

 

APLEX SE ADHIERE AL

 

HOMENAJE A ALONSO ZAMORA VICENTE: IN MEMORIAM

 

Socio de honor de APLEX

 

Organizado por la CASA DE GALICIA EN MADRID en colaboración con la Cátedra de Filología Románica de la Facultad de Filología de la Universidad Complutense de Madrid en la Sede de la Casa de Galicia en Madrid

 

INTERVIENEN

 

Invitación recibida de El Presidente de la Xunta de Galicia

y en su nombre el Director de la Casa de Galicia en Madrid

 

Alonso Zamora Vicente con Esteve, Fajardo, Merche, Viudas y Rovira.

Alicante, 13 de marzo de 2002.

 

Invitación recibida de:

El Presidente de la Xunta de Galicia y en su nombre el Director de la Casa de Galicia en Madrid

 

Colaboración para la Web de APLEX

 de

EUGENIA POPEANGA*

 

ALONSO ZAMORA VICENTE, IN MEMORIAM

 

Con el fallecimiento de Alonso Zamora, fundador y director honorífico de esta revista, acaecido el pasado 14 de marzo, se nos va uno de los más señalados "referentes" en el quehacer intelectual de España, así como, tal vez, el postrer testimonio de la gloriosa pléyade que hizo brillar la vida cultural de nuestro país durante el primer tercio del pasado siglo. Más que el relieve de los galar-dones, los reconocimientos académicos u honores literarios -cuya nómina está al alcance de cual-quier lector en multitud de documentos-, queremos evocar, en esta breve semblanza, los rasgos que le ligan al recuerdo de quienes le conocimos y tratamos con regularidad.

Madrileño de nación y vocación, Alonso Zamora Vicente ve su primera luz el 1 de febrero de 1916, en la castiza Plaza de la Paja: "Mis padres tuvieron cinco hijos, yo fui el menor"1. Del entor-no de ese rincón urbano dejará plasmados sus literarios cuadros y bocetos en Primeras hojas. Su infancia, ardua y dificultosa ("Mi madre murió siendo yo aún muy niño; tendría unos cinco o seis años, casi no me acuerdo"2), transcurre en el Madrid de los Austrias, y en su Instituto de Bachille-rato -descendiente de aquel Colegio de los Estudios, cuyas aulas acogieran a Cervantes bajo la féru-la de D. Juan López de Hoyos-, ingresa en 1925:

--Las primeras letras las aprendí en el colegio Español-Francés, en la calle de Toledo. Del colegio Español-Francés también fue alumno Pedro Salinas. [...] Después vino el bachillera-to en el instituto de San Isidro. ¿Te acuerdas de don Enrique Barrigón González, el cura de latín?

--¿No voy a acordarme? ¡Qué burro era!

--¡Hombre, Camilo!3

De 1932 a 1936, le cabe el privilegio de asistir a la Universidad Central (hogaño Complutense), ornada de figuras eminentes, como Américo Castro, Pedro Salinas, Fernández Montesinos, Navarro Tomás, el entonces joven Rafael Lapesa y, sobre todo, el señero maestro de maestros D. Ramón Menéndez Pidal, director del Centro de Estudios Históricos4, en el que Zamora trabaja paralelamen-te. De esa época brillante nos brinda su recuerdo don Alonso en su artículo "Ciudad Universitaria, 1935"5, con especial atención a Rafael Lapesa, Navarro Tomás, Américo Castro y Menéndez Pidal. Dice en otro lugar: "...fue aquella una Universidad excepcional, como nunca la hubo, fruto de la sostenida tarea de la Junta para Ampliación de Estudios. Cito esto porque he venido a ser el último represen-tante vivo de su labor"6. No es cuestión de abundar en alabanzas a ese elevado clima inte-lectual, cuyas odas se encuentran por doquier, por lo que damos paso a la palabra del propio don Alonso cuando dice:

Lo de la facultad de Filosofía y Letras ya lo sabes, allí estuve del 32 al 36; después, al acabar la guerra, en el año 1940, me licencié. En la facultad coincidía con María Josefa en las clases de To-más Navarro; yo trabajaba en el Centro de Estudios Históricos, con don Ramón, y ella en Índice literario, con Salinas. ¡Qué profesores, aquellos!7

 

De todos sus maestros, sin embargo, quien le merece mayor admiración y reconocimiento es Américo Castro, por lo que comentaba viva voce y por lo que ha quedado en letra impresa:

Don Américo era la imagen del entusiasmo, del afán de acercamiento a la juventud; don Américo era un verdadero maestro; de los hombres de entonces guardo un recuerdo imborrable, para mí si-guen siendo un ejemplo permanente.8

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Américo Castro dejaba asomar los perfiles a su honda preocupación por lo español, irrefrenable urgencia de poner en claro qué haya sido esta peculiar manera de vivir los españoles, azacaneado vaivén de cimas excelsas y de caídas estrepitosas...9

 

A poco de concluida la contienda civil -1940-, Zamora Vicente acaba su carrera universitaria, animado por su amigo Dámaso Alonso: "Sí, eran momentos duros, momentos de mucha confusión; si no es por Dámaso, yo renuncio después de la guerra; a él le debo el haber seguido"10. Ese mis-mo año gana por oposición una cátedra de Segunda Enseñanza, cuyo destino es el emeritense Insti-tuto Nacional de Bachillerato. Fruto de su estadía, mal que breve, en tierras extremeñas, será su primer libro, a la vez que su tesis doctoral: El habla de Mérida y sus cercanías (1943). En una de sus obras más recientes, Zamora rememora algo chancero episodios relativos a esta época, episo-dios que le hemos oído relatar de viva voz:

Llegué a Mérida en septiembre de 1940. Iba destinado al Instituto de Segunda Enseñanza, flamante catedrático de Lengua y Literatura Españolas, salido de las primeras oposiciones celebradas después de la Guerra Civil, "humilde profesor de un instituto rural". [...] Sí, recuerdo nítidamente el gran patio con arquerías de macizos pilares, blancura deslumbrante, indudable aire colonial, con unas palmeras hermosísimas, que levantaban el suelo enlosado. En aquel patio, los chiquillos gritaban estruendosamente al infinito resplandor de las doce y toreaban a unas tres o cuatro vacas que, pro-piedad del conserje, andaban sueltas por allí. Aún me avergüenza un poco, como un dolor inexplica-ble y ciego, [...] el súbito silencio temeroso que inundó el claustro cuando el jovenzano catedrático recién venido se subió a una de las vacas... Siglos de valores jerárquicos, de férreas disciplinas se desmoronaron sin pena ni gloria por aquel gesto. El silencio me hizo bajarme rápidamente de la va-ca, mansísima, ratina, una buena persona, qué le vamos a hacer...

[...]

El hecho de ser funcionario volvía a ponernos dentro de una relativa, precaria libertad. El hecho de tener un carné oficial nos ahorraba los inacabables salvoconductos para viajar aunque fuera a unos pocos kilómetros de casa. [...] Creo que todo el mundo comprenderá fácilmente con qué afán deseaba yo que apareciese en el tren el policía, la primera vez que, vacaciones al frente, regresaba a Madrid con mi carné acabadito de hacer. Cómo le acariciaba en el bolsillo, entrerriéndome... Pues no lo necesité, también fue cosa. A la altura de Puertollano, subió al tren un grupo de gentes extrañas, mujeres pintarrajeadas, hombres muy encorbatados y ceremoniosos... Eran cómicos [...] Y el policía, que apareció enseguidita, [...] también fue casualidad, se limitó a ojear desdeñosamen-te el salvoconducto colectivo de la compañía. Ni se dignó mirar hacia mí, ni darse cuenta de que yo tenía levantada la mano con mi carné de catedrático, foto-estudio, ilustrísimo señor, veinticuatro años encima... Nada. Me incluyó en la mesnada teatral sin la menor vacilación.11

 

En 1942, Zamora obtiene el traslado al Instituto de Bachillerato de Santiago de Compostela. No obstante, irá a Madrid, en cuya universidad inicia su andadura como profesor de Dialectología. Gustaba don Alonso de contar cómo las circunstancias lo llevaron a impartir dicha materia. Y fue que el titular, que a la sazón lo era don Armando Cotarelo Valledor (hijo de Emilio Cotarelo y Mori) "no podía levantarse antes de las 12", por lo que hubo de buscarse un ayudante que madru-gase por él: "Yo acabé en dialectólogo porque en la facultad había un catedrático que no podía le-vantarse antes de las doce. Entonces me buscaron a mí, yo fui siempre madrugador"12. Tal vez el hecho cierto sirva de esguince irónico que dé un sesgo festivo a una de sus facetas más notables; pues numerosos son sus trabajos dialectológicos, publicados en épocas distantes, con caudalosa des-embocadura en su Dialectología española, publicada por Gredos en 1960, con edición aumentada en 1967, que tantos estudiantes de esos años hemos manejado13. Porque lo cierto es que don Alonso ha dejado su impronta, en este aspecto, de los lugares en los que ejercía. Basta ojear su extensa bi-bliografía para entender que gran parte de la variedad dialectal (o, en su caso, idiomática) de nues-tra península está representada en sus estudios, sean lingüísticos, sean literarios: Extremadura, León, las dos Castillas, Galicia, Asturias14, Portugal, a cuyos clásicos (Gil Vicente y Camoês, sobre todo), ha dedicado serios y sugerentes estudios.

En el 43 gana, por oposición, la cátedra de Lengua y Literatura españolas de la Universidad compostelana, de donde pasa, tres años más tarde, a la de Salamanca, para ejercer la cátedra de Filología Románica, que ocupará hasta el 59. De su labor en la universidad salmantina darán fiel testimonio sus discípulos, entre los cuales cabe resaltar a la entonces joven estudiante y doctoranda suya, Carmen Martín Gaite:

Si [...] me viera forzada a [...] retratar con pocas palabras a Alonso Zamora Vicente ante alguien que no lo conociera y solicitara un resumen de sus características más salientes, me parece que contestaría diciendo: "Pues mira, es un hombre muy serio pero muy poco formal". Podrá parecer una boutade, pero no lo es en absoluto. [...] Hay que reconocer la rareza de un señor que [...], har-to de pisar aulas, tarimas de conferenciante y pasillos de la Real Academia, es tan poco formal co-mo lo es él, que acompañe a los doctorandos cuyas tesis ha dirigido y supervisado con todo esmero y meticulosidad silbando cancioncillas populares para darles ánimos, que bromee con sus alumnos y colaboradores, que diga refranes, que lleve jersey de cuello alto, que coja y trate a todo el mundo con llaneza, sin que ello redunde en perjuicio de la seriedad y solidez de sus trabajos ni de su saber.15

Por aquellos años contrae matrimonio con quien será, a la par que esposa y madre, su colabora-dora intelectual, María Josefa Canellada: "A mí me dieron calabazas muchísimas veces pero, al fi-nal, acerté: lo único serio que hice en mi vida fue casarme con una mujer excepcional en todos los sentidos, con una mujer que está lo mismo a las duras que a las maduras"16. Del 48 al 52, ejerce en Buenos Aires una intensa labor. Dirige el Instituto de Filología de la Universidad bonaerense, como sucesor de Amado Alonso (1897-1952), quien se había trasladado a Harvard dos años antes; funda y dirige la revista Filología; saca a la luz ediciones críticas y estudios de nuestros clásicos: Garcilaso, Lope, Tirso, Valle-Inclán... Por estas fechas comienza a publicar en el diario La Nación su prosa literaria, en cuyo empeño le estimula el periodista y escritor argentino Eduardo Mallea (1903-82), editor del suplemento literario de dicho rotativo. Tal colaboración se extenderá a las re-vistas Azul, de Montevideo, y Buenos Aires literaria, donde conoce, entre otras figuras, a Julio Cortázar, Daniel Devoto y Enrique Anderson Imbert.

En el 52 regresa a su cátedra salmanticense y, pasados dos años, inicia un periplo docente por diversas universidades europeas: Colonia, Heidelberg, Praga, París y otras. En 1960 es nombrado Director del Seminario de Filología Hispánica en El Colegio de México, así como Profesor extraor-dinario en la Universidad Nacional de la ciudad azteca. Un año después, lo tenemos en la Universi-dad de Puerto Rico, en cuyo Departamento de Estudios Hispánicos ejerce su magisterio. De aquí marcha a Estados Unidos y, de regreso a Europa en el 63, visita las Universidades de Copenhague y Estocolmo. Vuelta al fin a Madrid. En estos años es miembro del Seminario de Lexicología.

Miembro correspondiente de la Española desde 1958, sale electo de número el 26 de mayo de 1966: "Me tocó la silla D, que había ocupado Melchor Fernández Almagro y, antes, don Niceto" [Alcalá Zamora]17. Justo un año después, lee su discurso de ingreso en la Corporación, bajo el título de "Asedio a Luces de bohemia, primer esperpento de Ramón del Valle Inclán", origen de su ulterior estudio, de obligada consulta, La realidad esperpéntica (Aproximación a "Luces de bohemia)18, libro que le será galardonado, en 1969, con el Premio Nacional de Literatura "Miguel de Unamuno de Ensayo".

En el acto de su toma de posesión en la Academia, un año justo después de su elección, el discurso con que don Rafael Lapesa contestó al de ingreso de Alonso Zamora repasaba ya un currículum den-so y brillantísimo. Lapesa le había conocido en 1934 teniéndole como alumno en la Facultad de Fi-losofía y Letras de Madrid, que entonces no era mala cuna espiritual para un alevín de filólogo.19

Ese asedio inicial al esperpento llegará a ser dominio indiscutible, ya que luego vendrá su edición crítica de Luces de bohemia (que con tanto deleite se ha manejado entre los estudiantes, bien universitarios, bien de COU), así como la de Tirano Banderas20, más sus estudios Valle Inclán, novelista por entregas (Taurus, 1973), Vida y obra de Valle-Inclán (1866-1936) (Círculo de Lectores, 1990), etc. Entre 1971 y 1989, Zamo-ra ejerce el cargo de Secretario Perpetuo de la Real Academia, sucediendo a Lapesa en dicho cargo.

Y aquí llega el momento en que le conocemos al maestro una generación de estudiantes universitarios. El curso académico 1969-70, Zamora Vicente pasa a ocupar la cátedra de Filología Románica en la entonces llamada Facultad de Filosofía y Letras, sucesor de Dámaso Alonso (jubilado el año 68), que lo fuera a su vez de "Don Ramón", jubilado en el año 39. Don Alonso impartía las materias de Lingüística Románica y Dialectología. Esta última hubiese resultado asaz tediosa de no ser porque el maestro revestía el fenómeno lingüístico del ropaje artístico, folklórico y social que lo contextualiza, convirtiendo así en materia amena y atrayente lo que de entrada se presentaba árido. Sobre lo novedoso que supuso el magisterio de don Alon-so, tenemos numerosos testimonios -bien verbales o escritos-, de entre los que extraemos el siguiente:

Los años universitarios han sido recordados por discípulos y amigos como años en los que el maes-tro, además de las disciplinas universitarias, les enseñó a perseguir la identificación con nuestras gentes más humildes así como a descubrir el amor por nuestras tierras, por nuestra cultura; como el maestro que nos enseñó a escuchar, al tiempo que, lejos de pontificar, mostraba la mejor manera de aprender a discurrir por cuenta propia, valiéndose del ejemplo de sus propias investigaciones; como el maestro que les enseñó a valorar más la "decencia" que la ciencia. Y, por supuesto, desde la profunda sabiduría del maestro, vimos Toledo desde otra luz, Santo Domingo de Silos, Covarru-bias. Otros soles. Otros hombres...21

Como director del Departamento de Filología Románica, Zamora desplegó su espíritu renovador y aperturista. En su departamento fue acogida la asignatura de Vasco, que, por su discutible y deli-cada ubicabilidad, otros colectivos mostraban reticencias al respecto. Si su jubilación tiene lugar en el 85, unos meses antes de cumplir la edad reglamentaria, don Alonso se ha ido distanciando de la parafernalia burocrática que los tiempos modernos imponían, delegando tal desempeño en su secretario Pedro Peira, querido y malogrado compañero, otrora director de esta revista, que sucedió a Zamora en la dirección del Departamento de "Románicas", quien así lo declara en su lugar:

Zamora ya no podía entender cómo se podía dar una clase a un centenar de alumnos, o lo que era un Encargado de Curso nivel D. Tampoco podía encontrar el sentido -si es que tiene alguno- de una interminable Junta de Facultad, o de las múltiples normas, formularios, convalidaciones, horarios, oficios..., toda la burocracia inútil que constantemente invade nuestros despachos. [...] "Pedro -me ha repetido una y otra vez-, tienes que familiarizarte con el tejemaneje administrativo de la casa..., en la universidad hacia la que vamos es necesario. Yo ya no sirvo para esto..." [...]. En 1980 Alon-so Zamora comenzó a distanciarse poco a poco de la rutina cotidiana de la Universidad para dedi-carse más de lleno a su actividad en la Academia. Cursos de doctorado, algún que otro tribunal de tesis, cada vez más espaciados, hasta su jubilación en septiembre de 1985, unos meses antes de la fecha en que le hubiera correspondido. No quiso aceptar ningún tipo de agasajo de despedida, nin-guna solemnidad bajo la forma de última lección. Era comprensible. Muchos eran los cambios que se habían producido en las modas y, sobre todo, en los modos universitarios a los que estaba acos-tumbrado el maestro.22

La Complutense reconocerá su labor académica nombrándole Profesor Emérito. Y hasta aquí la semblanza presentada a modo de retrato que recoge una seleccionada serie de momentos que, sin ser exhaustivos, diseñan el perfil de su persona. Todo cuanto pudiéramos seguir diciendo de Zamora sería por demás reiterativo al estar recogido, como queda dicho, en documentación harto sobrada. Al igual que en el clásico oratorio (salvando las distancias y los géneros), la voz del narra-dor ha sido parca, reducida al registro conector de corales y de arias entonadas por diferentes vo-ces. Y como es uso en nuestro Romancero, dejamos en suspenso sugestivo la novela que ha sido y sigue siendo la existencia ejemplar de don Alonso.

N O T A S

1 Cf. su vivo retrato perfilado en "Alonso Zamora Vicente, hijo de Alonso y Asunción, natural de Madrid, etc.", de Camilo J. Cela. Papeles de Son Armadans, tomo 70, nums. 109-110 (agosto-septiembre 1973), pp. 115-124. (Se trata de un diálogo entre ambos académicos y viejos amigos, desgranado conforme pasean por el Retiro.)

2 C.J. Cela, loc. cit.). "Mi madre murió pronto. No murió en casa, sino en un hospital de Carabanchel" (comienzo de "La primera muerte", en Primeras hojas, pp. 41-45).

3 Ibíd. loc. cit. Cf. también Examen de ingreso. Madrid, años veinte. Madrid, Espasa-Calpe (Col. "Austral", 1991).

4 Cargo ejercido desde la fundación de dicho Centro, en 1910, predecesor del Instituto Miguel de Cervantes, del C.S.I.C., creado en 1947 con motivo del 4º centenario del nacimiento del escritor epónimo.

5 Revista de la Universidad de Buenos Aires, t. III, nº 9, enero-marzo 1949. Más tarde recogido en Voz de la letra. Madrid, Espasa-Calpe (Col. "Austral"), 1958, pp. 131-41.

6 Cit por Manuel Seco, en "Homenaje a la antigüedad académica", discurso pronunciado en el Instituto de España, el 15 de diciembre de 2005.

7 C.J. Cela, loc. cit.

8 Ibíd.

9 "Una cuartilla sobre Américo Castro", en Papeles de Son Armadans, núm. 110, mayo de 1965, p. 141).

10 C.J. Cela, loc. cit.

11 "Un libro vuelve a salir", en Al trasluz de la lengua actual, 1988, cap. VI, pp. 204-206).

12 C.J. Cela, loc. cit.

13 Véase asimismo la obra ulterior Estudios de dialectología hispànica. Univ. de Santiago, 1986.

14 Como botón de muestra, consignemos las 191 págs. de su libro Léxico rural asturiano: palabras y cosas de Libardón (Colunga). Granada, Universidad, 1953.

15 "Brindis por Alonso Zamora Vicente", en Papeles de Son Armadans LXX, núm. 210, 1973, pp. 211-13.

16 C.J. Cela, loc. cit.

17 C.J. Cela, ibíd.

18 Ed. Gredos, 1969, con posteriores ediciones aumentadas.

19 Manuel Seco, loc. cit.

20 Publicadas ambas por Espasa Calpe (Col. "Clásicos Castellanos"). La edición más reciente de Luces de bohemia, aparecida en "Colección Austral" es una versión reducida del texto crítico de Zamora.

21 Jesús Sánchez Lobato, "Laudatio", en Homenaje a Alonso Zamora Vicente. Madrid, Universidad Antonio de Nebrija, enero de 1999.

22 En la "Presentación" al libro de Zamora Al trasluz de la lengua actual, cit., pp. 13-14.

*Eugenia Popeanga es Catedrática de Filología Románica de la Universidad Complutense de Madrid.

 

 

Intervienen

 

Última actualización: 24/03/2007

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