ASOCIACIÓN CULTURAL "ESTUDIO Y DIVULGACIÓN DEL PATRIMONIO LINGÜÍSTICO EXTREMEÑO" (APLEx)

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NECROLÓGICA

ALONSO ZAMORA VICENTE

SOCIO DE HONOR DE APLEX HA FALLECIDO

 

Marzo 2006

14

 

Alonso Zamora Vicente, el último discípulo de Menéndez Pidal
 

MANUEL SECO De la Real Academia Española

ABC 15 DE MARZO DE 2006

 

 
El filólogo y escritor Alonso Zamora Vicente, secretario perpetuo de la Real Academia Española durante casi dos décadas, falleció ayer en su domiclio madrileño a los 90 años, y será enterrado hoy a las 13:30 en la Sacramental de San Isidro en cuyo tanatorio fueron velados sus restos
 



El académico con el que he pasado más horas y más años dentro de esta casa de la calle de Felipe IV ha sido Alonso Zamora Vicente. Nos conocimos aquí mismo, antes de ser académico ninguno de los dos. Mi maestro don Rafael Lapesa, que también lo había sido de él bastantes años atrás en la misma Universidad, me había traído, en 1962, al Seminario de Lexicografía del que era subdirector, para que a diario colaborase en la redacción del «Diccionario histórico» fundado por don Julio Casares, y no mucho antes hizo la misma invitación a Alonso Zamora en calidad de redactor especial. Yo le conocía a él por sus libros lo suficiente para experimentar en aquel instante esa especie de encogimiento del profesor que lleva debajo del brazo un currículo joven, en presencia de quien, muy lejos todavía de la vejez, ya tiene la aureola de un historial digno de sabios con muchas canas. Pero pronto superé aquel instante de cortedad, gracias al trato cordial que enseguida recibí de él y que hasta ayer nunca se ha interrumpido.

No quiero, al decir esto, presumir de un privilegio. Muchos amigos, compañeros y discípulos han disfrutado igual que yo de ese comportamiento afectuoso y cercano. No pocos de los que fueron alumnos suyos en distintas universidades han continuado su relación en una larga amistad, que hoy se ha convertido en una honda tristeza. He tenido ocasión de oír y leer los testimonios de algunos de ellos, a quienes nunca trató desde la altivez del magíster que dispensa de lejos su saber a los pobres ignorantes, sino con la familiaridad y con la sonrisa de quien comparte amablemente con ellos el rato de clase y lo aprovecha no ya en hacer simpática su persona (que también), sino en hacerles atractivo y divertido un aprendizaje envuelto en un diálogo ameno, no pocas veces irónico, y enriquecido con comentarios más o menos marginales, pero siempre oportunos y tan valiosos como el meollo científico de la lección. No formé parte de ese grupo de sus oyentes, pero he gozado de sus conversaciones, casi monólogos, rebosantes de saberes variadísimos cosechados por su preciosa memoria a lo largo de una vida llena de saber y de sabor. Desde la alfarería a la pequeña historia de grandes personajes, pasando por la vivísima imagen de una niñez entrañada en el viejo Madrid: todo ello, iluminado por una emoción que se contagiaba a quienes le escuchábamos, pasaba ante los ojos de nuestra imaginación haciéndonos participar de la misma pasión y de la misma nostalgia que inspiraban su palabra.

Muchos trazarán hoy una semblanza del lingüista, del crítico literario y del creador. No olvidemos una faceta con que tardíamente nos sorprendió: la de historiador. En el penúltimo año del siglo XX publicó una monumental «Historia de la Real Academia Española», que sin duda es lo más documentado y juntamente más atractivo que se ha escrito sobre la Institución.

Devoción a la lengua y a la literatura

Como era característico de los discípulos de Menéndez Pidal -de los que Alonso Zamora decía ser ya «el último representante vivo»-, dedicó su devoción tanto a la lengua como a la literatura. Dámaso Alonso escribió de él que, si nos acercamos a su obra en un intento de «comprensiva orientación», vemos que «nuestra brújula se queda oscilando entre dos polos, lengua y literatura». Pero «enseguida nos damos cuenta de que se trata de una especie de bimatización de un polo único: lo que es lengua mirado de esta parte, resulta literatura si lo contemplamos del otro lado de la valla». Mi visión de Zamora lingüista la simplifico en dos títulos que me llevan a mis tiempos de estudiante y a mi experiencia más intensa de lexicógrafo. En una mano pongo la «Dialectología española», que ha sido manual obligado de muchas generaciones de universitarios, y en la otra las ediciones tercera y cuarta, por él dirigidas, del «Diccionario manual e ilustrado de la lengua española», la popular y didáctica publicación académica que mejor enseñó nuestro léxico a los hispanohablantes durante todo el siglo XX.

En cuanto a la crítica y a la creación literaria, entiendo muy bien la visión de Dámaso. Cuando leo crítica, veo el brillo de la creación, y cuando leo creación, veo la luz de la sabiduría literaria. Ejemplos: de una parte, ensayos penetrantes y personales como los «De Garcilaso a Valle-Inclán», una de sus primeras obras; de otra, los libros «Primeras hojas», «Examen de ingreso» y «Suplemento literario», llenos de una intensidad lírica y de un arte del relato o de la descripción difíciles de emular. Sus singulares cuentos, prodigados en publicaciones periódicas y reunidos después en volúmenes, han alcanzado a un público muy amplio. Precisamente hoy, el día de su muerte, iba a firmar el contrato con una gran editorial para la nueva salida de una de sus colecciones más conocidas: «Sin levantar cabeza», prologada por Camilo José Cela. Que esta publicación póstuma nos sirva para guardar vivo nuestro recuerdo del que ya no está con nosotros.
 

http://www.abc.es/abc/pg060315/prensa/noticias/Cultura/Cultura/200603/15/NAC-CUL-132.asp

 

 

 

 

Última actualización: 27/02/2007

 

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