ASOCIACIÓN CULTURAL "ESTUDIO Y DIVULGACIÓN DEL PATRIMONIO LINGÜÍSTICO EXTREMEÑO" (APLEx)

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Número de Registro 3179.  CIF nº  G10309607

 

NECROLÓGICA

ALONSO ZAMORA VICENTE

SOCIO DE HONOR DE APLEX HA FALLECIDO

Marzo 2006 14

Adiós al maestro don alonso zamora

FERNANDO FLORES MANZANO

PERIÓDICO HOY, Badajoz, 15 de marzo de 2006

 
 
 
 
 
 

 
 

 
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Nonagenario y con envidiable lucidez, ha fallecido el reputado filólogo don Alonso Zamora Vicente, tras una larga vida de entrega a la investigación y a la docencia.

Formado a la sombra de grandes maestros y vinculado a la escuela de Menéndez Pidal, Zamora Vicente era un intelectual de fuste, comprometido con la sociedad española aún en épocas del oscurantismo franquista, con el riesgo que ello conllevaba.

Polifacético en sus conocimientos, abierto a cualquier manifestación de las disciplinas humanísticas, nos ha dejado don Alonso un enorme caudal de obras filológicas, que le catapultaron tempranamente a la Real Academia Española. Desempeñó en ella un papel de primer orden en distintas comisiones de trabajo, llegando a alcanzar una posición relevante como Secretario Perpetuo de la docta casa.

Tras pasar por el cuerpo de Catedráticos de Instituto, sus méritos le condujeron a varias universidades hasta desembocar en la siempre anhelada Complutense, desde donde impartió un magisterio ejemplar. Su obra Dialectología Española se convirtió en un manual imprescindible desde que se publicara al inicio de los años sesenta en la editorial Gredos, para la que dirigió algunas colecciones. Conocedor profundo de los clásicos y contemporáneos (memorable es su estudio sobre Valle-Inclán y su Luces de bohemia), trabó amistad duradera con grandes escritores, entre ellos el Nóbel Camilo José Cela.

Zamora Vicente tenía otra actividad en la que se desenvolvía con admirable soltura: la creación literaria. Autor de numerosos relatos, breves y largos, don Alonso era un magnífico recreador de ambientes burgueses y aristocráticos. Imitaba con no poca perfección el habla de las damas encopetadas, describiendo con humor su refinamiento trasnochado, su barroquismo pinturero, su cursilería y sus costumbres decadentes. No eran cuadros costumbristas, sino intemporales. Tenía un oído finísimo y una memoria prodigiosa, lo que le permitía reproducir con escrupulosa fidelidad cualquier diálogo que escuchara.

Su ligazón con Extremadura es un modelo de fidelidad mantenida en el tiempo, desde que llegó destinado como catedrático al instituto de Mérida en los años cuarenta. Se compró un asnillo y con él recorrió los pueblos de alrededor, aprendiendo giros, buscando expresiones, desentrañando palabras terruñeras, apuntando y analizando dialectalismos leoneses en su tesis sobre El habla de Mérida y sus cercanías. Siempre evocaba con arrobo su paso por tierras extremeñas. No es de sorprender que prefiriera radicar su amplísima, curiosa y variada biblioteca en Cáceres, para que la aprovecharan los estudiantes extremeños en vez de las universidades estadounidenses desde donde le hicieron ofertas fabulosas por ella. En los años noventa se le nombró miembro de honor de la Real Academia de Extremadura.

Personalmente he mantenido un trato continuado con don Alonso desde que me acerque con timidez a pedirle que dirigiera, primero mi tesina y luego mi tesis doctoral, a lo que se prestó con amabilísima disposición. Le recuerdo acercándose con pasos crepitantes sobre la encerada madera de la Real Academia, donde me citaba para orientarme en mi trabajo sobre la arquitectura popular valxeritense. Más tarde se prestó a poner prólogo a mi libro sobre el romancero. Nunca faltaban sus palabras de aliento y consideración, cuando recibía los trabajillos que sus ex alumnos le enviábamos. Nos hacía comentarios agudos y pertinentes sobre ellos. No es de sorprender que en nuestra relación apareciese la palabra 'maestro', con la que le hemos nombrado varias generaciones de universitarios de la Complutense.

Mi postrer reencuentro con don Alonso fue en San Martín de Trevejo, donde dictó la conferencia inaugural de un congreso sobre A Fala. Era una de esas dulces mañanas primaverales de la serranía altoextremeña y don Alonso nos deslumbró con su verbo fluido y ameno, con su honda sapiencia salpicada de humor y socarronería. La suya resultaba ser una ironía espontánea y divertida, nada rebuscada ni mortificante.

Que descanse en paz ese hombre bondadoso y entrañable que fue siempre don Alonso Zamora. Mi recordado maestro.



Fernando Flores del Manznao es doctor en Filosofía y Letras por la Universidad Complutense

http://www.hoy.es/pg060316/prensa/noticias/Sociedad/200603/16/HOY-SOC-212.html

 

 

 

 

 

Última actualización: 27/02/2007

 

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