ASOCIACIÓN ESTUDIO Y DIVULGACIÓN DEL PATRIMONIO LINGÜÍSTICO EXTREMEÑO (APLEX)

APARTADO DE CORREOS 930 - 10080 CÁCERES (ESPAÑA)

 

 

Publicaciones de los socios de APLEX 2005

 

 

 

Vivienda tradicional en la Sierra de El Torno. 

Chozas, chozos, majadas y chozuelos

Pablo Muñoz Regadera. Cáceres. 2005

 

 

Inicio del prólogo de Antonio Viudas Camarasa

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En la sierra de El Torno: sus chozos y sus modos de vida

 

 

 

 

 

 

 

La vivienda agropecuaria, un capítulo del libro

 
 
 
 

 

 

 

 

 

 
 
 

 

Daniel Blanco

 

 

 

 

 

 

 

Dibujo de un chozo realizado con la técnica de la piedra seca

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

....Y VOLVER CANTANDO AL CHOZO

Por

Antonio Viudas Camarasa

De la Real Academia de Extremadura.

Presidente de APLEX y director de la "Asociación

Academia de la Lengua Aragonesa"

Cuidé también del ganado

por alcanzar el tesoro

de un poco de pan y queso

y volver cantando al chozo

Luis Álvarez Lencero,

Obras completas, 155

 

 

 

Hace varios meses que conozco los deseos de Pablo Muñoz Regadera con relación a su afán de estudiar y analizar la arquitectura agrícola y pastoril de El Torno, su pueblo natal, enclavado en una ladera empinada, en la margen derecha del valle cacereño del río Jerte.

Tras varios intentos el equipo del que forma parte acertó en la elección de petición de ayuda y ahora, con esfuerzo colectivo, dan a saborear el fruto de sus ilusiones. Nos llaman la atención sobre un modo de vida que ha dejado de tener vigencia, engullido por el avance de los nuevos medios de producción económica. La recuperación de esa arquitectura entrañable de la vida agrícola y ganadera es más bien un acto de buena intención que una realidad efectiva. Las cosas, las "sachen" como decía la vieja escuela de Hamburgo, cuando dejan de tener la función para la que se han creado desaparecen, pero las palabras y las artes de construcción permanecen en obras y tratados que se dedican a esa investigación. Este es uno de ellos.

 

La obra que tiene el curioso lector en sus manos retrata el pasado antropológico de una comunidad municipal. Localizada en un valle con mucha historia, desde la más primigenia población que lo habitó, que comparte connotaciones comunes con los pueblos de montaña de la geografía peninsular y extrapeninsular. Pertenece El Torno a la cultura de los pueblos de la sierra, que se individualiza, en contraposición a los pueblos situados en valles, llanuras, páramos, estepas y mesetas.

 

El objetivo que se ha propuesto recuperar el equipo investigador es múltiple: la geografía y la historia del lugar junto a la intrahistoria que rodea a la vida ganadera y pastoril de sus habitantes. En el presente avance nos deleitan con un ensayo lleno de ilusiones que completarán en ulteriores acercamientos a la vida pastoril, tan cercana para los investigadores y los protagonistas de su intrahistoria.

 

En una economía cerrada, en una economía de subsistencia, la arquitectura tradicional analizada ofrece innumerables facetas. Abarca desde la vivienda rural, edificada en apoyo del cultivo, vigilancia del ganado y de los medios de producción, a la arquitectura específica para la cría de los animales domésticos tan imprescindibles para alimentarse durante las cuatro estaciones del año. Los meses del calendario agrícola se suceden sin que el lector lo perciba en el envés de sus páginas. De San Miguel a San Miguel, de la siembra a la recolección, el protagonista de la vida pastoril, el pueblo de El Torno, pasa los días mirando al cielo, disfrutando y penando; para defenderse de las inclemencias del tiempo encuentra su refugio en el chozo.

 

El prototipo del zagal de El Torno, como el poeta Luis Álvarez Lencero de niño en el chozo de su abuelo en una finca de La Nava de Santiago, se gana el sustento cuidando del ganado y cuando llega al cobijo familiar agrícola, los suyos le premian con un poco de pan y queso. Mientras el cuidador, el vigilante, el pastor de ganado produce junto a ovejas, vacas, cabras y caballos, el resto de la familia elabora el pan y fabrica el queso. Pastoreo e industrias pastoriles en total armonía en la Arcadia extremeña.

 

La recompensa que obtiene el zagal de El Torno cuando regresa al pueblo o al chozo familiar, después de pasar días enteros con su "jato", consiste en volver cantando, porque con sacrificio y trabajo ha contribuido a que los miembros "de la tribu", los miembros del clan, los miembros de la unidad familiar pastoril, compuesta de nietos, hijos, padres, abuelos y bisabuelos, subsistan y pervivan con sus costumbres y ritos peculiares a través de las sucesivas estaciones del año agrícola.

 

Con frío y chacina en invierno, alegría en el resurgir de la primavera, el "vicioso" y fértil vergel afrutado del verano, la tomatera, el gazpacho, y los sabrosos frutos del otoño, bodegones de uvas, higos y nueces (que tan minuciosamente ha pintado Jaime de Jaraíz en el cercano valle verato).

 

Y por fin el elemental modo de alimentación que compite con las patatas, los calvotes, las castañas abundantes en la sierra. No en vano desde tiempos ancestrales El Torno tiene como vigía en su territorio el impresionante monte "Calvitero", monte pelado, monte lleno de calvas, de fronda de alta montaña que vigila a poniente las llanuras del Ambroz y los castañares que durante el siglo XIII regaló para asentar a la población en Hervás, la reina Doña Violante de Aragón (hija de Jaime I el Conquistador y esposa de Alfonso X el Sabio, que dedicó una de sus Cantigas al Toro de Plasencia) y a saliente los castañares donde se cultivan y se producen los calvotes, las castañas, en el término municipal de El Torno. Calvotes con los que se alimenta el cerdo de la matanza familiar y se nutre también el hombre torniego durante los meses crudos del invierno. Calvotes a los que acompañan las patatas, recogidas en verano, guardadas en chozos, chozas y en las casas del núcleo urbano.

 

Se ha catalogado en el presente estudio una rica variedad de tipos de chozo. Además del más abundante que es el chozo de piedra seca se citan en este inventario la choza mixta, el chozo de escoba, el chozuelo de madera y caña de centeno, el chozuelo de pastor itinerante, el tinado de piedra, el chivero y las zajurdah. Estas últimas muy parecidas a las corraláh de Torrequemada (Cáceres). El Torno es un museo vivo de los diferentes tipos de arquitectura pastoril en el cruce de culturas africanas y europeas. Los chozos de planta circular recuerdan a los castros celtas, el chozuelo de madera y caña de centeno se me asemeja mucho y tiene similares trazas arquitectónicas que la vivienda pastoril en Namaqualand, Suráfrica, que cita e ilustra Gonzalo Vélez Jahn en "Barro, viento y sol. Raíces de una arquitectura africana". Por cierto en Casar de Cáceres el chozo que se conoce es el del tipo "chozuelo de madera y caña de centeno".

 

El tinado de piedra, de planta rectangular, ofrece semejanzas con las bordas y cabañas de pastores del Pirineo estudiadas por Fritz Krüger en el primer tercio del siglo XX. Como muy bien ha demostrado Claudio Torres, en el vídeo que se expone en el Museo Árabe de Mértola, el paralelismo, en las formas de agricultura y ganadería entre el Norte de África y España, es casi perfecto.

 

En algunos aspectos en El Torno estaríamos ante un cruce de culturas en relación a los chozos. Tanto la influencia celta como la africana y la centroeuropea tienen su presencia. Lo circular celta por antonomasia se encuentra en el chozo de piedra seca, el influjo africano se observa en el chozuelo de madera y caña de centeno y lo pirenaico y centroeuropeo en la estructura rectangular del tinado de piedra. Hipótesis que deseamos que ensayistas más cualificados confirmen o rebatan con sólidos argumentos.

No puedo terminar estas palabrinas delante de verdadera PALABRA del equipo investigador, esto es lo que se entiende por prólogo, lo que antecede a la palabra propiamente dicha, sin hacer una confesión personal. Fue en septiembre de mil novencientos setenta y dos cuando visité con un seína nuevo el pueblo jerteño de El Torno. Era muy joven y estudiante; andaba buscando iglesias con techumbre de madera. Me pareció un pueblo solitario. Casi nadie por las calles. Ahora entiendo el porqué. Todos sus habitantes estaban trabajando en los chozos, atareados con la vendimia, preparando cuidadosamente los higos para secarlos al sol y un largo etcétera de todas las faenas del mes en que se prorrogan o disuelven verbalmente los contratos de arrendamientos y salen a subasta pública las hierbas del lugar. Han pasado más de treinta años y todavía los chozos permanecen en pie. El chozo de piedra seca ofrece una estructura pequeña, similar a la de una tienda de campaña canadiense de cinco plazas, pero muchísimo más cómoda. El pastor y su familia pueden estar de pie, dormir en un camastro, guisar en una superficie circular, que escasamente debe superar los cinco metros cuadrados, bien oxigenada gracias a la ventilación que entra por la puerta adintelada y un respiradero superior de donde penden las llares. En el chozo se vive con el mínimo espacio posible y las personas se protegen de las alimañas y de las inclemencias del tiempo, al mismo tiempo que sirve de despensa y almacén donde se guarda la hacienda agrícola y el peculio ganadero del propietario.

 

Deseo que el equipo que ha iniciado esta investigación prosiga con entusiasmo su labor y ofrezca en el futuro más facetas de un pueblo que tiene quien le escriba su historia, porque como dicen en El Torno, en lenguaje altoextremeño (en el que Pablo Muñoz y otros torniegos dejarán escritas las primeras páginas del corpus de una modalidad lingüística peculiar y una muestra de la recolección oral del Patrimonio Lingüístico Extremeño): "La vía namáh enseña lah suh esenciah a loh ojuh inyehtauh en sangri".

"La vida solo enseña sus esencias a los ojos inyectados en sangre". Para leer la historia auténtica de chozos, pastores, con sus idílicos amores y trabajos, se necesita una llave muy especial que solo la poseen quienes saben penetrar en la esencia de la entrañable vida pastoril ancestral. Solo los pastores o los hijos de pastores, comunicadores de sus historias, pueden narrar las costumbres de sus antepasados y progenitores porque las han vivido. Los demás humanos somos meros lectores que recreamos a nuestro modo las historias protagonizadas y contadas por ellos.

 

Amigo lector, te animo a que recrees tu propia historia y te sientas protagonista de las vivencias y paisajes por los que los autores de esta monografía te irán guiando y llevando a lo largo de estas cariñosas, documentadas e ilustradas páginas.

Vale.

 
 

 

ültima actualización 06/12/2005

 

 

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